sábado, 14 de octubre de 2017

Carta a Barcelona

Querida Barcelona: Cuánto odio, hacia España, han inoculado en los pequeños e inocentes cerebros de vuestros hijos, desde, casi todas, las escuelas... En los hijos de aquellos andaluces, y demás pueblos, que vieron y buscaron, en Barcelona una tierra de promisión. También en los suyos...
Yo, en su día, no le dí importancia; pero si la tenía, y mucha: cuando el nieto de un familiar  nuestro, soltó aquello de: "yo no soy español; yo soy catalán". Tendría unos ocho años. Yo le argumenté: tu eres catalán y español; como yo soy andaluza y española. El pequeño, que hoy tiene veintipocos años, no creo que esté fanatizado, pero sí creo que, esas ideas, ya habran madurado en su cabeza. Qué se ha hecho mal...: se deberían haber cuidado de esto las autoridades competentes...? Cuando yo era pequeña se limpiaban las manchas de tinta en los pupitres, porque,  según la maestra, iba a venir la inspectora... Se debería haber supervisado la  historia, ya modificada, en algunos libros de texto, sobre todo de España, que los profesores enseñaban a sus alumnos...? Y sobretodo: deberían haber valorado, y puesto en práctica, los valores de la patria y su historia, sin tantos miedos y complejos, los gobernantes de turno...?
  Yo creo que, algunos de los más independentistas, que no son autóctonos, y que quieren conseguir el poder, o perpetuarse en el, aunque tengan que pactar con el mismísimo Diablo, en forma de populismo, que esa es otra, son más papistas que el Papa; por que arrastan un complejo de años, y quieren hacerse perdonar, "esta fatalidad" , para ellos, de no haber nacido en Barcelona, haciendo como los judíos conversos: comiendo carne de cerdo, en público; por lo cual recibieron el, humillante, sobrenombre, a modo de sanbenito, de "marranos".
 Ahí queda esta reflexión...
 Tus comunidades hermanas que te quieren.
 Abrazos y besos volanderos...