Aquel abrigo
cómo me transportó
a mitad de aquella
"década prodigiosa".
Cuando yo me sentía
elegante y admirada.
Era todo un revuelo
al cruzar cada esquina
por la calle mayor
camino hacia la iglesia
para oír la misa de doce.
Aquellos domingos...
Era invierno y llevaba
el corazón ardiendo
galopando.
Y el alma en carne viva...
Llevaba
el mundo en los bolsillos
y la vida
alfombrando mis pies.
Mientras yo
muy segura pisaba
las calles empedradas
de mi pueblo.
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